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Sensaciones opuestas
Atlético y Athletic. Nombres muy parecidos que dejaron sensaciones muy diferentes en el paladar de jugadores y afición rojilla. Los del Manzanares nunca habían ganado en Soria. Pero venían con la estúpida convicción de que ganar en Los Pajaritos es fácil, y que además es casi obligatorio. Craso error. Concepto mal aplicado por entrenadores, aficionados y medios de comunicación nacionales: ganar en Los Pajaritos está al alcance de pocos equipos.
Y así les fue. Empezaron con el viento a favor y con zarpazos de calidad armados al contragolpe. El rubio uruguayo se postulo a mejor delantero que vamos a ver en Soria en lo que va de temporada con su velocidad, movilidad, sacrificio y calidad en la definición. Nos perdonó una vez. No la segunda. La percepción equivocada de que los deberes estaban ya hechos y con buena nota les mandó a las recuperaciones de septiembre. Cuando un estudiante sólo busca el 5 en un examen, suele suspender. Cuando Aguirre busca ganar por la mínima ahorrando esfuerzos para contiendas futuras, suele fracasar.
Y el suspenso no fue de 2 porque tenían chuletas. Jugaban con 3 jugadores más: vestían de amarillo pero hacían más daño que los que ‘derrochan coraje y corazón’. Coraje y corazón lo tuvieron los de casa: fue el mejor partido que han jugado los pupilos del ‘profesor’ de casa. Un profesor anteriormente criticado por sus ‘defectuosas explicaciones’ pero que últimamente parece haber enderezado el rumbo ante el clamor popular.
A lo que vamos: sólo las malditas maderas blanquecinas (son tres, y son muy crueles), las ya conocidas ‘chuletas’ y el escaso beneplácito de la diosa Fortuna impidieron que los rojillos consiguieran el sobresaliente en aquella fría tarde de noviembre. Pese a todo no quedó mal gusto en las gargantas sorianas: la presión ejercida ante la labor arbitral dio sus frutos, y tras dos penaltis no pitados, el juez principal acabó rindiéndose ante la resistencia de la comunidad numantina. Pitó penalti en el último suspiro y Barkero, con frialdad pasmosa consiguió que el resultado final fuera un poquito menos injusto.
La moral de los jugadores iba por las nubes para el siguiente desplazamiento. San Mamés, la Catedral del fútbol. Rival directo por la permanencia, ambientazo, y muchos sorianos en las gradas. La afición cumplió con creces: tanto la noche bilbaína como la antesala del partido fueron una auténtica fiesta. El equipo no estuvo a la altura: la indolencia defensiva y la inoperancia para crear peligro dieron como resultado uno de los peores partidos que recuerdo en años. Sólo se salvaron dos jugadores: el capitán Txomin Nagore y el cuestionado Juan Pablo, quien nos evitó el sonrojo con una serie de paradas de gran nivel.
El domingo nos visita un equipo de conocidos: el Almería. Extrañamente, tanto Arconada como Julio Álvarez se encuentran cuestionados. ¿No estarían mejor en la casa en la que se les quería y en la que tantas alegrías dieron a la parroquia numantina? Pero ahora no es tiempo para lamentar. Hay que vencer sí o sí. Es más que una batalla, es La Batalla. Tres puntos que bajo ningún concepto pueden volar, como vuelan los copos de nieve a estas horas sobre la capital. El equipo debe volver a la actitud de hace dos semanas. La afición, seguir en la línea marcada por los últimos choques: alentar al equipo y presionar al árbitro y al rival hasta que no queden fuerzas. Sólo así podremos seguir soñando con un añito más en el cielo.
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